
De cómo me sentí este húmedo sábado por la tarde, escuchando tu música, tus historias, tus sin sentidos y tu risa. Ahondando en capas más profundas de ti, urgando entre tu cuello con el mismo entusiasmo que en tus palabras. A ratos mendigos de amor, de corazón cerrado, abierto, revolucionariamente dañado, ambos con la mente perturbada y el alma virgen para lo que venga.